EL PRIMER BESO (I)
Vacaciones. Dudas, pensamientos
internos. ¿Me gusta? ¿Le gusto? Pero… si yo no le gustara… no se portaría así
conmigo, ¿no? ¿O solo es un gran amigo? No, no, no puede ser eso.
Quiero darle
la sorpresa, ya pronto voy a volver, pero él cree que no, que tardaré un día
más. Yo sé que quiere que vuelva, pero… ¿por qué? Claro, le tengo que gustar seguro.
Me estoy
volviendo loca.
Tengo que
pensar como darle la sorpresa. Me convertiré en su genio de la lámpara, si me
hace un favor, le concederé el deseo. Y claro, con ese favor, tengo que
conseguir que se levante temprano, que si no cuando vuelva estará dormido y a
la mierda la sorpresa. Sí, sí. Perfecto.
*TRRR*Ups, el
móvil vibrando. ¿Será un mensaje de él…? En efecto. Me dice que me extraña, que
mono es. Me sonrojo, como hacía tiempo no me sonrojaba por alguien.
Yo también lo
echo de menos, y no dudo un momento en decírselo. Es algo que siento de verdad
y no me pesa. Pero es raro, apenas nos conocemos y siempre ha habido entre
nosotros un cariño especial, por así decirlo. Yo ya le dije a una amiga que es
instinto de protección, pero ya me he dado cuenta que es algo mucho más que
eso, aunque ese instinto es real; que nadie lo toque.
Siempre fuimos
raros, ¿por qué íbamos por la calle cogidos de la mano si no sentíamos nada? Al
menos, yo no sentía nada, solo esas ganas y esa necesidad de protegerlo. Esa
química que sentíamos, quizá sin darnos ni cuenta, nos llevó a hacer cosas que
dos personas que se conocen de tan poco tiempo como nosotros no harían. Además
de ir dados por la calle, teníamos una extraña afición por darnos y señalarnos
bocaditos por el cuerpo.
Sí, somos
raros.
Y claro, por
eso le llevo de la feria un llavero del juego Pac-Man, que metafórico todo,
¿no? No sé si se dará cuenta de ese detalle, pero mi regalito lo tiene.
Dejo de
sonreír como una gilipollas por estar sumergida en esos bellos pensamientos y
vuelvo al mundo real.
Dudas, más
dudas. Venga, le tengo que contar el plan. La condición es que se levante
temprano, el premio… un deseo. Sé que me va a pedir a mi, pero está feo
decirlo.
Ya está, ya le
he propuesto ese plan. A priori parece inocente, pero está todo calculado, para
que se lleve la sorpresa.
Tengo ganas de
verle.